Obras
"No tenemos adónde ir, no hay prisa.. tal vez reconstruir el templo te ayude a reconstruir tu alma" Logan-san
Marcel Duchamp presenta:
No tenemos adónde ir, no hay prisa.. tal vez reconstruir el templo te ayude a reconstruir tu alma" Logan-san / 2009
Diorama / Instalación.
Medidas: 2,30 metros de alto x 1,70 metros de ancho x 2,80 metros de profundidad.
Espacio Cubo, Cultura Pasajera / Rosario, Argentina / 2009.
Pintura: reproducción aproximada de fragmento de pintura Las cuatro estaciones, de Mijaíl Lariónov, acrílico sobre madera, 170 x170 cm.
Backlight: I Want to Believe, reproducción de cartel que solia tener Murder de la serie X Files en su oficina.
Banquito de madera.

No tenemos adónde ir...
Pintura 170 cm x 170 cm
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Inauguración — Diorama, Espacio Cubo
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Inauguración — Diorama, Espacio Cubo
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Detalle
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Viste desde los ojos / Detalle
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Esquema Diorama / 2,30 metros de alto x 1,70 m de ancho x 2,80 m de profundidad
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Inauguración / Diorama / Espacio Cubo
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I Want to Believe / Backlight retroiluminado

Inauguración / Diorama / Espacio Cubo

Inauguración / Diorama / Espacio Cubo
Video
Texto de muestra
"Están dejando un mensaje y voy a recibirlo". Me encuentro con Lisandro Arévalo en su casa taller; varias son las fuentes que lo atraviesan inspirando cierto impulso: Wolverine, Étant donnés de Marcel Duchamp, Logan-San, Mijaíl, la oficina de Mulder en Expedientes X, el libro fotocopiado, el I Ching, la estabilidad de la simetría, El templo es sagrado y se inscribe en la familia, actos de conciencia, la condición líquida de la pintura, I want to believe, Diorama. Este pintor Arévalo me lleva a recordar que siendo chicos los trayectos y los espacios quedan bien guardados; digo espacios y escribo escenas. El cubo es lo que mejor lo sabe: un cubo es escena por naturaleza propia, va más allá, y la escena es máquina. ¡Máquina activada por los ojos! Pi pi pi pi pi pi pi. Los caminos del hábito y el poder de la escena siguen presentes y un artista sabe bien de eso. Es este nuestro caso. En la escena hay cuentos. El cuento viaja hasta el sueño. El cuento es una máquina, todo se confirma. ¡Oh, máquina activada por los ojos! Dimensión desconocida.
Templa sus gustos y sus fuentes, él es hablado. Nos devuelve en pregunta y en diagnóstico: ¿de qué color son los ojos de la escena que me mira? En vitrina aparece el señor Juan Langanoni. Nosotros sabemos del puchero, del destino del caracú y algunos cuentos criollos sobre tallas en el hueso caracú. Dicen que mujeres y hombres pacientes cocinan, cultivan, bordan, tallan, escriben y dibujan como conducta y labor. No hay hora para eso cuando la pasión y el amor se imponen, y estos hombres lo saben. Es este también nuestro caso: ambos Juan y Li. Templar el caracú, templar la historia del arte. La pintura cree. Llego a la escena con ojos poderosos, atravieso: están dejando un mensaje y voy a recibirlo.
Claudia del Río